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Activismo en el Capitalismo

Nuestro Tiempo Según datos de la Dirección General de Minería, la República Dominicana tiene aproximadamente 17,224 km² de su territorio bajo concesión o en trámite para su explotación o exploración minera. Esto equivale a que el 35% del territorio nacional está siendo explotado o explorado para establecer una actividad minera. También se sabe que son 496 los proyectos mineros en operación o en trámite, de los cuales 320 son metálicos. Estos datos revelan la gran riqueza minera con qué premió la naturaleza a nuestra isla pero también debe ser un tema preocupante por las consecuencias que puede causar su explotación “El 35% del territorio Nacional está en Eminente Peligro”
La experiencia indica que allí donde se establece una extracción minera es prácticamente imposible otro tipo de aprovechamiento o uso diferente del suelo durante varios años, incluso después de de finalizada la explotación minera. Por tanto, es necesario analizar el uso más conveniente para determinados territorios, determinando el uso que genera más beneficios y menor daño al ecosistema en el marco del desarrollo humano y comunitario.
La actividad minera sin duda alguna es una fuente real de riquezas  que en buenas manos y bien utilizada puede contribuir al desarrollo económico, pero todos sabemos que la actividad extractiva ha estado ligada históricamente a la conquista y expansión imperial y a la explotación bárbara, lo que  que ha significado un eslabón de la degradación del medio ambiente y del sometimiento de nuestros  pueblos.
Asimismo, ha explotación minera ha servido para engrosar las  oligarquías y a los grupos corporativos internacionales que controlan el mercado de los metales, dejando en nuestras comunidades un rosario de problemas que van desde la miseria y la contaminación hasta la muerte. Así ha sido  en el Cerro Rico de Potosí, en las minas de diamante de Sudáfrica y en las minas de oro y otros metales en nuestra media isla.
Megaminería
A nuestra generación nos ha tocado vivir en un mundo en recomposición, el capitalismo mundial padece una crisis profunda, Estados Unidos ve amenazada su hegemonía por países emergentes, el dólar se debilita como moneda universal pues deja ya de ser la moneda que respalda las reservas de  China, India entre otros países de economías fuertes que cambian por oro sus reservas.
En este contexto el mundo camina a nuevas formas de organización geopolítica y económica, los recursos naturales pasan a ser objetivo estratégico de grandes potencias, y esto se evidencia en las guerras de medio oriente por el control del petróleo, la política de desestabilizar la revolución bolivariana en Venezuela y la lucha por el control del agua y la biodiversidad en la amazonía y la explotación de matales en gran parte del planeta.
Así nace y se desarrolla el concepto de megaminería, bajo la cobija de una potencia se erige una corporación  millonaria, insaciable por definición, con el fin de explotar los recursos naturales de los países dependientes y garantizar la perpetuidad del capitalismo.
Amparadas por países como Canadá, Estados Unidos, China, Francia y Reino Unido, estas corporaciones supra nacionales se han dirigido a los más recónditos rincones de la tierra con el interés para instalar sus proyectos mineros extractivos. Muchos países están siendo neocolonizados por capitales transnacionales a través de estas corporaciones.
El nuestro no escapa a esta realidad, son corporaciones que manipulan voluntades, compran medios de comunicación y funcionarios del Estado para conseguir y proteger sus  concesiones, aquí tenenmos el caso de la Barrick Gold que pagó a los legisladores para que ni siquiera leyeran su contrato.
En nuestra experiencia también está Falcondo que junto al contrato de la Barrick Gold han generado importantes procesos de luchas sociales, en especial la lucha por la defensa y la conversión en parque nacional de Loma Miranda.
Están también la corrupción y la impunidad que se ven reforazadas por estas corporaciones, que obtienen otros beneficios como exoneraciones, combustibles, energía eléctrica, agua, y seguridad estatal.
Es deber del Estado proteger nuestros recursos, y de la sociedad luchar contra quienes quieren explotarlos de manera irracional y en desmedro de los interesas del mpaís.  La lucha contra la megamineria es la lucha por la vida, por el desarrollo humano y comunitario,  por la biodiversidad y la protección de los recursos naturales.  ¡Dile sí a la vida y lucha!